domingo, 2 de octubre de 2016

A 48 del 68


Habría que lavar no sólo el piso; 
la memoria. 


Habría que quitarles 
los ojos a los que vimos, 



asesinar también a los deudos, 



que nadie llore, que no haya más testigos. 


Pero la sangre echa raíces 


y crece como un árbol en el tiempo. 


La sangre en el cemento, en las paredes,

 

en una enredadera: nos salpica, 


nos moja de vergüenza.

JAIME SABINES





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